Perimenopausia y menopausia: por qué aumenta el peso y cambia la cintura

Por la Dra. Acosta Then
Gastroenteróloga, endoscopista bariátrica y nutrióloga. Creadora del concepto Peso Feliz.

“Como lo mismo, pero mi ropa ya no me queda igual”. Esa frase resume una preocupación frecuente de las mujeres en la mediana edad. Algunas notan más abdomen; otras, un aumento progresivo de peso acompañado de cansancio, sueño interrumpido y cambios en su menstruación. Entonces aparece una pregunta: ¿es la menopausia?

La respuesta requiere mirar más allá de la balanza. La perimenopausia y la menopausia pueden modificar la composición corporal y la distribución de la grasa, pero no explican por sí solas todo aumento de peso. Comprender esa diferencia permite sustituir la culpa por una evaluación médica y una estrategia realista.

La perimenopausia es la transición que precede a la menopausia. Durante esos años, las hormonas ováricas fluctúan y pueden aparecer irregularidades menstruales, sofocos y dificultades para dormir. La menopausia se confirma después de doce meses consecutivos sin menstruación, cuando no existe otra causa. Los cambios pueden comenzar antes de que desaparezca el período; seguir menstruando no descarta estar en transición.

Tampoco cumplir 35 años significa automáticamente entrar en perimenopausia. Si una mujer presenta cambios menstruales o síntomas a una edad temprana, necesita una evaluación que considere otras posibles causas.

¿Por qué cambia la cintura? La disminución de estrógenos favorece una redistribución de la grasa hacia el abdomen. Al mismo tiempo, el envejecimiento, la pérdida de masa muscular y una menor actividad física pueden contribuir al aumento de peso. Incluso puede cambiar la forma del cuerpo sin que la balanza muestre una diferencia importante.

Además, dormir mal y sentirse agotada pueden dificultar sostener hábitos de alimentación y movimiento. Una mujer que combina trabajo, cuidado familiar y noches interrumpidas necesita un plan compatible con su vida, no una lista de exigencias que no pueda cumplir.

Hay otra distinción necesaria: sentirse hinchada no equivale siempre a acumular grasa abdominal. El estreñimiento y otros problemas digestivos también pueden modificar cómo se siente el abdomen. Atribuir cualquier molestia a las hormonas puede retrasar el diagnóstico correcto.

La evaluación debe considerar la evolución del peso, la cintura, la fuerza muscular, la alimentación, el sueño, los medicamentos y los antecedentes. La presión arterial, la glucosa y los lípidos ayudan a valorar la salud metabólica; otros estudios se solicitan según los hallazgos. No toda mujer necesita un panel hormonal extenso para comprender qué le ocurre.

El tratamiento comienza con una alimentación suficiente y sostenible, con atención a la proteína y la fibra, junto con actividad física regular. El entrenamiento de fuerza merece un lugar central porque ayuda a conservar músculo y capacidad funcional. Caminar es valioso, pero también conviene trabajar la fuerza con una rutina adaptada a la condición de cada mujer.

La terapia hormonal puede ser apropiada para determinados síntomas de la menopausia, tras una valoración individual de beneficios y riesgos. Sin embargo, no es un tratamiento para adelgazar. Cuando existe obesidad, también pueden considerarse medicamentos u otras intervenciones, según la indicación clínica, dentro de un seguimiento integral.

Como creadora del concepto Peso Feliz, propongo que el objetivo incluya la salud y la calidad de vida: conservar músculo, dormir mejor, reducir el riesgo metabólico y sentirse capaz de sostener los cambios.

La menopausia no es una sentencia de aumento de peso inevitable. Es una etapa que merece atención. Escuchar a la mujer que dice “mi cuerpo cambió” es el primer paso para ayudarla con conocimiento, empatía y un plan que responda a sus necesidades.